Durante los últimos cuatro meses he tenido el privilegio de acompañar a varias marcas colombianas en su preparación para Colombiamoda, el escenario más importante de nuestra industria.
Ser mentora en este proceso no solo ha sido un honor profesional, sino una experiencia reveladora. A través de estas sesiones, descubrí patrones que, aunque se repiten con frecuencia, siguen siendo inquietantes: muchas marcas están profundamente comprometidas con la creatividad, pero han dejado su negocio fuera de la conversación.
En una industria donde el diseño es el alma, la creatividad no es negociable, pues es el lenguaje que nos permite narrar historias, proyectar identidad y conectar con el deseo. Pero cuando se piensa exclusivamente en la propuesta estética sin considerar la estructura que la sostiene, la marca se tambalea. Una idea sin ejecución es solo eso: una idea. Y una empresa sin rentabilidad es una fantasía inviable.
Nos enfrentamos a un ecosistema repleto de talento: diseñadores que entienden su voz, que han desarrollado una identidad propia y que comprenden las referencias culturales desde una mirada contemporánea. Sin embargo, este ecosistema a veces olvida que la moda es una industria que necesita procesos, estructuras y decisiones informadas desde los números, eso que no a todos nos gusta.
Mi intención no es desincentivar el sueño creativo, sino complejizarlo. Recordar que una marca no es solo lo que muestra en pasarela, sino lo que logra sostener fuera de ella. Lo observamos a nivel global: las firmas que han logrado trascender no son únicamente las más arriesgadas en términos estéticos, sino las que han sabido construir una estructura empresarial sólida detrás de su propuesta creativa. Casas de moda independientes que comenzaron como proyectos de autor hoy son referentes internacionales porque comprendieron que la sostenibilidad financiera es el pilar que permite mantener una visión a largo plazo.
Tener una identidad clara y una propuesta única no es suficiente si no se acompaña de decisiones estratégicas, planificación operativa y control de recursos. La moda que perdura es aquella que entiende que cada colección no solo comunica, también construye empresa…
Y ser mentora es hacer esas preguntas difíciles para lograrlo: ¿cómo escalas? ¿Cuánto te cuesta producirlo? ¿Cómo decides tus precios? ¿Qué tan clara está tu propuesta de valor?
Muchas veces se asume que hablar de rentabilidad es limitar la creatividad, cuando en realidad es lo contrario: cuando el negocio está sano, la creatividad florece con más libertad porque hay estructura, equipo, tiempo… Y, sobre todo, claridad. Si queremos construir una industria de la moda colombiana que no solo brille en vitrinas y pasarelas, sino que perdure, necesitamos cambiar el enfoque. Crear con intuición, sí, pero también con estrategia; soñar en grande, pero con los pies en la tierra; dejar de ver la creatividad y el negocio como fuerzas opuestas para empezar a entenderlas como aliadas.
Desde mi lugar como mentora, experta y parte activa de esta industria, seguiré apostándole a una moda colombiana que se cuestione, se reinvente y entienda que la sostenibilidad real comienza con hacerse las preguntas correctas. Deseo que este espacio tan importante para la construcción y materialización de sueños siga creciendo, entregando valor, conocimiento y sustentabilidad a muchas empresas de este país. Mientras tanto, estaré con los ojos y el corazón abiertos a todo aquello que pueda percibir a través de una pantalla para seguir aportando desde mi experiencia… al tiempo que mi gran sueño se sigue haciendo realidad.
Nos vemos en unos meses.
Por: Helena Fadul.
