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Educación y diplomacia fashion en el BRICS+ Summit

Educación y diplomacia fashion en el BRICS+ Summit

Del 28 al 30 de agosto, Moscú fue escenario de un encuentro inédito que no solo puso a la moda en el centro de las conversaciones, sino que también la vinculó con la política, la ciencia y la educación. El BRICS+ Fashion Summit, al que asistieron delegaciones de más de sesenta países, reservó su tercer día para un tema fundamental: cómo formar a la próxima generación de diseñadores en un mundo donde lo digital, lo sostenible y lo multicultural ya no son tendencias pasajeras, sino realidades permanentes.

Desaprender para volver a crear

El panel Anti-Trends in Education abrió la jornada con un llamado provocador: es momento de desaprender. Para muchos, el sistema académico de la moda sigue anclado en fórmulas eurocéntricas que privilegian la estética occidental y relegan otras tradiciones. Escuelas de Brasil y Sudáfrica compartieron experiencias de currículos que integran artesanías locales y conocimientos ancestrales, mostrando que el diseño puede ser también una forma de resistencia cultural.

Educación y diplomacia fashion en el BRICS+ Summit. Cortesía.

Para los participantes colombianos, la propuesta resonó de inmediato: ¿cómo construir programas que reconozcan la riqueza de nuestras comunidades indígenas y afrodescendientes, al tiempo que preparan a los estudiantes para competir en mercados globales?

La discusión se tornó casi filosófica: desaprender significa también cuestionar la obsesión por la velocidad y la producción masiva. Profesores y diseñadores jóvenes coincidieron en que la moda del futuro requiere más reflexión, procesos más lentos y un mayor respeto por los materiales. En palabras de una ponente india, “la prenda debe recuperar su dignidad como objeto cultural, no reducirse a un producto desechable”.

Ciencia y materiales del mañana

El debate sobre educación desembocó en otro tema central: la innovación textil. La sesión Textiles 2.0 mostró avances que parecían sacados de una novela futurista, pero que ya están en etapa de prototipo. Se presentaron fibras biodegradables que se desintegran en cuestión de meses, telas creadas en laboratorio a partir de cultivos celulares y tejidos inteligentes capaces de adaptarse a la temperatura del cuerpo o liberar nutrientes en la piel.

Los asistentes escuchaban entre fascinados y escépticos: ¿estamos frente a una revolución que transformará la industria en una década? Para los expertos rusos y chinos, la respuesta es sí. La investigación científica aplicada al diseño ya no es marginal, sino un campo en rápida expansión. Para Colombia, estas innovaciones plantean un desafío y una oportunidad: ¿cómo articular nuestra tradición artesanal con las exigencias de un mercado que pronto pedirá textiles inteligentes y sostenibles? La respuesta pasa por invertir en investigación, pero también por crear puentes entre universidades, comunidades artesanas y empresas tecnológicas.

La moda como lenguaje diplomático

La plenaria Cultural Diplomacy fue el cierre perfecto para un día que unió lo académico con lo político. La moda se presentó como un instrumento de poder blando: un vestido, un accesorio o una técnica artesanal pueden ser embajadas en miniatura que representan la identidad de un país. En un momento en que las tensiones geopolíticas parecen dominar los titulares, el simple hecho de reunir a más de sesenta naciones en Moscú alrededor de la moda fue un gesto cargado de simbolismo.

Se habló de cooperación sur-sur, de la necesidad de descentralizar los centros de poder de la moda y de construir un sistema verdaderamente multipolar. Diseñadores africanos defendieron la creación de redes regionales que permitan exportar talento sin pasar por París o Milán. Representantes de América Latina insistieron en que la diversidad cultural de la región es un capital invaluable que debe protegerse y promocionarse con inteligencia.

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Resonancias para Colombia

Para el público colombiano, el día dejó varias lecciones. Primero, la urgencia de actualizar los programas académicos de nuestras escuelas de moda, integrando saberes locales y herramientas digitales de última generación. Segundo, la necesidad de pensar la moda como un campo de investigación interdisciplinar donde la ciencia, la sostenibilidad y la cultura dialoguen en igualdad. Y tercero, la posibilidad de usar la moda como un lenguaje diplomático capaz de abrir puertas en mercados y escenarios internacionales donde la política tradicional no siempre logra avanzar.

El BRICS+ Fashion Summit, al que asistieron delegaciones de más de sesenta países, reservó su tercer día para un tema fundamental. Cortesía.

La intervención de una diseñadora joven de Medellín sintetizó el espíritu del encuentro: “si aprendemos a enseñar distinto, a diseñar con conciencia y a negociar con dignidad, la moda colombiana no será solo ropa bonita: será cultura, innovación y diplomacia”.

Una mirada al futuro

El BRICS+ Fashion Summit dejó claro que la moda ya no puede ser entendida solo como industria estética. Es un ecosistema que involucra educación, ciencia y política. Para Colombia, la tarea es monumental: formar a una generación de diseñadores capaces de dialogar con la tecnología, honrar nuestras raíces culturales y usar la moda como plataforma para insertarse en un mundo cada vez más interconectado.

Moscú ofreció la hoja de ruta. El reto, ahora, es que cada país —incluido el nuestro— la tome y la adapte a su contexto. Porque la moda, en el fondo, es también un proyecto de nación.


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