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Dancer in the Dark: el surrealismo de Schiaparelli en París

Dancer in the Dark: el surrealismo de Schiaparelli en París


Con Dancer in the Dark, Daniel Roseberry apostó por una narrativa entre arte y emoción, consolidando a Schiaparelli como protagonista en París.


Daniel Roseberry transformó el Centro Pompidou en un escenario poético para presentar Dancer in the Dark, la colección Primavera-Verano 2026 de Schiaparelli. La propuesta navegó entre la precisión escultórica y la emoción más pura, en un desfile que funcionó como declaración artística y ejercicio de estilo.

La cita tuvo un aire especial: este fue uno de los últimos eventos en el icónico museo antes de su cierre temporal por una renovación de gran escala. Cinco años pasarán antes de volver a subir sus escaleras mecánicas, un detalle que impregnó el desfile de cierta nostalgia. No es casual que aquí mismo, un año y medio atrás, Roseberry encontrara la chispa creativa para esta colección mientras recorría una exposición dedicada a Brancusi.

¿Por qué esta colección redefine la narrativa de Schiaparelli?

Dancer in the Dark no fue solo un título evocador, sino una manera de replantear el diálogo entre arte y moda. Roseberry usó la arquitectura brutalista del Pompidou como contrapunto emocional a prendas que parecían esculturas en movimiento.

La propuesta también supuso un giro en la estrategia de la maison: lo que antes se veía como un reto se ha convertido en una ventaja. Roseberry ha elevado la línea ready-to-wear a un nivel de precisión y teatralidad que la distingue frente a otras firmas. La noche del desfile, entre el público, se podían reconocer fácilmente a las fieles seguidoras de la casa, con sus accesorios dorados brillando como pequeños signos de pertenencia.

¿Qué claves estéticas marcaron el desfile?

La estructura de la colección partió del hard chic, con sastrería definida, hombros precisos y siluetas limpias. A esa base se sumaron tejidos vaporosos que recordaban humo suspendido, efectos ópticos que confundían la mirada y detalles luminosos que emergían discretamente desde la penumbra.

Roseberry desplegó una serie de juegos visuales con prendas que exploraron nuevas construcciones: trajes de falda con almohadillas externas en hombros y caderas, suéteres de punto ajustado con volantes en cuellos y puños, vestidos con recortes geométricos y faldas lápiz de cortes asimétricos que dejaban ver la cintura en un solo costado. Cada elemento parecía seguir una coreografía precisa entre estructura y capricho.

Dancer in the Dark: el surrealismo de Schiaparelli en París. Cortesía.

¿Cómo se construyó la identidad visual de la temporada?

La decisión cromática fue precisa: negro, blanco hueso y carmesí. Tres tonos que, lejos de limitar, definieron la personalidad de la colección. El negro funcionó como emblema de poder, el blanco como superficie escultórica y el rojo como energía contenida.

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Junto a esta paleta controlada, Roseberry se adentró en terrenos técnicos menos explorados por él hasta ahora, como el corte al bies, con resultados sorprendentemente seguros. Varias de las piezas presentaban aberturas irregulares inspiradas en un vestido histórico creado por Elsa Schiaparelli y Salvador Dalí en 1938. Esta vez, en lugar de pintura sobre seda, los cortes eran reales, aplicados sobre tejidos como jersey, malla metálica o mousselina, actualizando el gesto surrealista con una precisión contemporánea.

¿De qué manera los accesorios completaron el discurso creativo?

Los accesorios no acompañaron, hablaron. Bolsos reinterpretados como candados blandos, zapatos que parecían salir de bocetos, broches dorados como fragmentos incandescentes y tocados que evocaban el imaginario surrealista de Elsa Schiaparelli formaron parte de la narrativa.

Entre los detalles más inesperados, destacó un traje de falda confeccionado con miles de pequeños pinceles que imitaban la textura de la piel, así como un vestido ceñido con un dibujo corporal femenino tejido directamente sobre la tela. Para rematar, joyas translúcidas con luces LED integradas brillaron como lámparas de sal portátiles, cerrando el desfile con un guiño ingenioso y casi lúdico.


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