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Doomscrolling: qué es, cómo nos afecta y cómo evitarlo

Doomscrolling: qué es, cómo nos afecta y cómo evitarlo


Leer noticias de manera repetitiva y sin un cierre claro es una de las características del doomscrolling. Así puede estar afectándote.


Entrar al celular para revisar una noticia puntual y terminar recorriendo una cadena interminable de titulares negativos es una escena cada vez más común. Ese comportamiento, que muchas personas reconocen aunque no siempre saben cómo nombrarlo, se conoce como doomscrolling y describe una forma específica de consumo de información en entornos digitales.

El término empezó a circular con más fuerza a medida que el acceso a noticias en tiempo real se volvió permanente. Hoy, portales informativos, redes sociales y notificaciones constantes conviven en un mismo espacio digital, donde la actualización no se detiene. En ese contexto, el doomscrolling aparece como una práctica cotidiana que pone en discusión los límites entre informarse y permanecer conectado sin pausa.

¿Qué significa doomscrolling?

La palabra doomscrolling surge de la combinación de doom, asociada a fatalidad o desastre, y scrolling, la acción de desplazarse por una pantalla. Se utiliza para describir el hábito de consumir de manera continua noticias o contenidos digitales centrados en crisis, conflictos o escenarios negativos.

Leer noticias de manera repetitiva y sin un cierre claro es una de las características del doomscrolling. Así puede estar afectándote.
Doomscrolling: qué es, cómo nos afecta y cómo evitarlo. Cortesía de Freepik.

No se trata simplemente de leer noticias difíciles. El rasgo central del doomscrolling es la repetición: una noticia lleva a otra, luego a otra más, muchas veces sin aportar información nueva. El desplazamiento constante se vuelve el eje de la experiencia, más allá del contenido específico que se está leyendo.

En la práctica, el doomscrolling suele darse de forma automática. No siempre responde a una búsqueda concreta ni a una pregunta clara. En cambio, se construye como una sucesión de estímulos que se encadenan sin un cierre definido, prolongando el tiempo frente a la pantalla.

¿Por qué el doomscrolling se volvió tan frecuente?

El ecosistema digital actual favorece la circulación ininterrumpida de información. Las noticias se actualizan minuto a minuto y los titulares suelen priorizar lo urgente, lo conflictivo o lo excepcional, ya que ese tipo de contenido capta más atención.

A esto se suma la lógica de las plataformas digitales, donde el desplazamiento infinito elimina los puntos de cierre naturales. No hay una última página ni un final claro: siempre hay un contenido más para ver. En ese entorno, detenerse requiere una decisión consciente, no automática.

Además, en contextos de incertidumbre social, económica o política, el impulso por mantenerse informado se intensifica. La búsqueda constante de actualizaciones puede generar la sensación de estar preparado o de no perderse nada relevante, aunque en muchos casos solo refuerza la exposición a los mismos temas desde distintos enfoques.

¿En qué se diferencia el doomscrolling de informarse?

Informarse supone seleccionar fuentes, establecer tiempos y buscar comprensión del contexto. Implica una intención clara: saber qué está pasando y por qué. El doomscrolling, en cambio, se caracteriza por la falta de límites y por un consumo que no siempre responde a un objetivo definido.

Mientras una lectura informativa suele tener un inicio y un final, el doomscrolling funciona como una secuencia abierta. No hay jerarquía entre contenidos ni pausas para procesar la información. La atención salta de un tema a otro, muchas veces sin retener datos relevantes.

Esta diferencia no está en el contenido en sí, sino en la forma de consumo. Leer noticias complejas o negativas no equivale automáticamente a doomscrolling. El hábito aparece cuando la lectura se vuelve compulsiva, repetitiva y difícil de interrumpir.

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¿Qué efectos puede tener el doomscrolling en la vida diaria?

El consumo prolongado de noticias negativas puede generar cansancio mental y dificultar la concentración. Al estar expuesta de manera constante a escenarios adversos, la percepción de la realidad puede volverse más pesimista o saturada de estímulos.

En algunos casos, el doomscrolling interfiere con el descanso, especialmente cuando ocurre antes de dormir. La exposición continua a pantallas y a información cargada de tensión dificulta el cierre del día y la desconexión necesaria para el descanso.

También puede afectar la relación con la información, transformando la actualización constante en una rutina que deja más inquietud que claridad. Estos efectos no son iguales en todas las personas y dependen del tiempo de exposición, el contexto y la forma en que se procesa el contenido.

¿Cómo reconocer y revisar este hábito digital?

Identificar el doomscrolling no implica alarmarse ni etiquetarse. Algunas señales habituales incluyen perder la noción del tiempo mientras se navega, revisar las mismas noticias varias veces o sentir que el consumo informativo genera más agotamiento que comprensión.

Reconocer estos patrones permite revisar la forma en que se consume información digital. Establecer momentos específicos para informarse, reducir notificaciones y priorizar fuentes claras y confiables son estrategias que ayudan a diferenciar la información del desplazamiento automático.

El objetivo no es desconectarse de la actualidad, sino recuperar un vínculo más consciente con ella, donde la información cumpla su función sin ocupar todo el espacio de atención.


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