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Vestir Bogotá

Vestir Bogotá

Finaliza un año más del Bogotá Fashion Week y junto a él, mi primera versión como parte del comité de selección. Como siempre en la moda, hubo espacio para el debate. Había asistentes que comentaban la importancia de ver diseñadores de todas partes de Colombia en este espacio y no solo la capital; había otro grupo haciendo énfasis en cómo Bogotá, paso a paso, se ha transformado en un hub de propuesta de moda como tal y no solamente negocios. Y había también comentarios más críticos en donde hablaban de la importancia de mantener el nivel de autenticidad en el diseño.

Algunas propuestas las encontraron algo contaminadas por las ideas de las marcas europeas, mientras otras brillaron por su nivel de autenticidad, riesgo o atención al detalle. A título personal, admiro cada vez más el esfuerzo focalizado que realiza la Cámara de Comercio por darle un espacio a la creatividad y en ella, a la moda local. Un espacio que premia la disciplina, la inventiva y la capacidad de llevar de principio a fin la visión creativa y la estrategia de negocio.

De esta edición destaco el trabajo impecable de La Petite Mort, un dúo sólido en sastrería de autor, con acabados impecables, atención al detalle, autenticidad y la capacidad de llevar conceptos de la idea a la realidad con fluidez y naturalidad. Tejidos Rebancá, con su artesanía impresionante, tatuando en mi cabeza piezas únicas que se suman a mi wishlist con rapidez. El descubrimiento de SAAG, un estudio en el universo masculino y chaquetería que me pareció muy estimulante. El debut de Melissa Valdés, cuya colección original fue robada por su taller, pero aun así reflejó su ADN con firmeza.

El fashion film del show de Cul de Val, que me llevó a pensar la singularidad de la cotidianidad en lo lindo de encontrar, recolectar, volver a buscar. Y la puesta en escena de PITBULLYNG, una propuesta de streetwear con guiños a la observación, la subcultura, la herencia y se queda conmigo una frase de la canción del cierre que dice: ‘no tengo millones pero tengo a mi cucho y sus saberes’.

Entre las invitaciones interesantes que recibí se encuentra la experiencia de Old Maquina junto a Veja. Me llamó mucho la atención lo divididas que estuvieron las opiniones frente a este desfile específico, ya que algunos consideraban que el uso de referentes tan literales de Martin Margiela le restaba importancia y lo hacía sentir poco profesional, frente a otras percepciones de la industria en donde los vestidos de transparencia y algunas prendas de abajo, como la falda negra, tenían potencial.

Finaliza un año más del Bogotá Fashion Week y junto a él, mi primera versión como parte del comité de selección.

El desfile de True, una marca que ha sabido construir comunidad con una identidad cercana, urbana y colombiana, jugando en el límite entre la moda deportiva y la urbana. Wild & Pacific, una marca de vestidos de baño que he amado por muchos años, y su debut en el piso de experiencias con una colección potente. La puesta en escena fantástica de Heroica, una de mis propuestas favoritas de toda la semana. El entendimiento de su mujer, el estilismo, su universo de color y su fragilidad hacen de esta marca una difícil de olvidar.

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El debut de la línea masculina de Felipe Cartagena; propositivo y refrescante. Y las bogotanas galácticas de Cemadier y su maravilloso universo de color y textura. La mujer minimalista bogotana y con la mente en el oriente de Laura Aparicio y, por último, pero jamás menos importante, el cierre romántico, caribe, elegante, exquisito y femenino de la gran Francesca Miranda.

De esta edición me quedo con la fuerza editorial de la propuesta masculina, la investigación constante de este imaginario y las nuevas voces y jugadores que nutren este sistema con innovación y frescura. Me quedo con la emoción de ver a las diferentes organizaciones de la moda en Colombia colaborando y participando activamente entre ellas. Y me quedo con una Bogotá insaciable: exigente a nivel de público, pero comprometida a nivel cultural con enriquecer el ámbito y la conversación de moda.

Un espacio para fortalecer que el sistema moda en nuestra ciudad y nuestro país permea mucho más de lo que se puede ver a simple vista, y que quien invierte en economía creativa invierte también en un espíritu libre y curioso, que consigue superarse edición a edición.


FASHION GROUP DISEÑO Y PUBLICIDAD, S.A. de C.V.

Calle Bradley 21. Colonia Anzures, 11590 Ciudad de México (México)

 

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