Durante muchos años, la cirugía plástica estuvo asociada a transformaciones evidentes. Senos más grandes, cinturas extremadamente pequeñas, curvas muy pronunciadas y resultados que, de alguna manera, buscaban hacerse notar. Hoy estamos viviendo un cambio y junto con el Dr. Raúl Daza la sutileza se está convirtiendo en nuestro mejor aliado
Cada vez más mujeres llegan a su consultorio buscando algo diferente. Quieren verse mejor, por supuesto, pero no necesariamente quieren verse “operadas”. Buscan una figura estilizada, femenina y proporcionada. Quieren conservar su esencia y sentirse cómodas con su cuerpo, pero en una versión que perciban más armónica. Estamos entrando en la era de la sutileza. Una época en la que menos puede ser más y en la que un gran resultado no necesariamente es aquel que más llama la atención, sino aquel que mejor se integra a la mujer. Para el Dr. Daza, esto es particularmente evidente en la cirugía mamaria, que ha sido durante años el centro de su práctica.
Del tamaño a la proporción
Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de cirugía de senos, una de las primeras preguntas era: ¿qué tamaño quieres? Hoy se considera que la conversación debería empezar de otra manera: ¿qué tamaño tiene sentido para ti?. Porque no existe un seno ideal que funcione para todas las mujeres. Una paciente alta, de tórax amplio, puede necesitar un volumen completamente diferente al de una mujer pequeña y delgada. La anchura del tórax, la estatura, la cantidad y calidad de los tejidos, la posición del seno, la cintura, los hombros y las proporciones generales del cuerpo son elementos que deben analizarse antes de decidir cuánto aumentar, cuánto reducir o cuánto levantar.
Existe además una confusión frecuente: pensar que un resultado natural necesariamente tiene que ser pequeño. Una mujer puede querer unos senos con volumen, un escote atractivo y una silueta marcadamente femenina, y aún así obtener un resultado armónico y sofisticado. Naturalidad no significa hacer poco. Significa hacer exactamente lo que esa anatomía permite y necesita sin llevarla a un punto en el que pierda coherencia con el resto del cuerpo. Ese límite es diferente para cada mujer.
Y precisamente ahí aparece una de las partes más importantes de su profesión: el criterio. La cirugía plástica no consiste solamente en saber operar. También consiste en saber elegir. Elegir el tamaño adecuado, la técnica adecuada, cuánto tejido retirar y, probablemente lo más difícil, saber cuándo detenerse. Porque no todo lo que técnicamente se puede hacer necesariamente se debe hacer.
La elegancia está en la proporción
Durante años estuvimos expuestos a determinados ideales de belleza que se repetían una y otra vez: volúmenes muy grandes, cinturas extremadamente pequeñas y proporciones que hacían evidente la intervención. Las redes sociales amplificaron esos referentes hasta convertirlos, en algunos momentos, casi en un molde. Porque cuando todas las pacientes terminan con el mismo tipo de seno, la misma cintura o la misma silueta, dejamos de interpretar la anatomía individual y empezamos simplemente a repetir una fórmula. La manera del Dr. Raúl de entender la cirugía plástica está en el extremo opuesto. No quiere que todas sus pacientes tengan los mismos senos. Quiero que cada una tenga los senos que mejor se vean en ella.

Una nueva feminidad
Colombia tiene una enorme tradición en cirugía plástica y durante décadas su ideal estético estuvo relacionado con una feminidad exuberante: senos grandes, cinturas pequeñas y curvas pronunciadas. Esa feminidad no está desapareciendo, está refinando. En cirugía mamaria, por ejemplo, unos pocos centímetros o una diferencia relativamente pequeña de volumen pueden cambiar por completo la percepción de un resultado. Un seno puede pasar de verse elegante y proporcionado a dominar toda la silueta. Por eso la sutileza no necesariamente hace que una cirugía sea más sencilla. Muchas veces exige todavía más precisión.
Operar pensando también en el futuro
Hay otro elemento que el Dr. Daza considera fundamental y que pocas veces se tiene en cuenta cuando se habla de resultados estéticos: el tiempo. Una cirugía no debería diseñarse únicamente pensando en cómo se verá una paciente durante los primeros meses. Ese cuerpo va a acompañarla durante años. Los tejidos cambian, la piel envejece, el peso puede variar, pueden llegar embarazos y también cambia nuestra propia percepción de la belleza. Las tendencias, además, son pasajeras. Lo que hoy parece extraordinariamente atractivo puede dejar de serlo en algunos años. La proporción, en cambio, suele envejecer mucho mejor.
Por eso intenta pensar cada cirugía no solamente desde la fotografía inmediata, sino desde una perspectiva más amplia: ¿este resultado seguirá teniendo sentido para esta mujer dentro de cinco, diez o quince años? Cuando una paciente entra a un lugar, no quiere que lo primero que alguien pensara fuera en quién la operó o qué procedimiento se realizó.
Para él Dr. Raúl Daza, ahí aparece una forma mucho más sofisticada de entender la cirugía plástica. La naturalidad se ha convertido, de alguna manera, en una nueva forma de lujo: una belleza que no necesita demostrar cuánto se hizo para ser percibida. Una cirugía capaz de transformar sin uniformar, de resaltar sin exagerar y de mejorar sin borrar la identidad. Tal vez ese sea el verdadero significado de la era de la sutileza. No significa hacer menos. Significa hacer exactamente lo necesario. Porque algunas de las mejores cirugías no son aquellas que todos pueden identificar. Son aquellas en las que alguien mira a una mujer y, sin saber exactamente por qué, simplemente piensa: “Qué bien se ve”.
Dr. Raúl Daza
Cirujano plástico – Bogotá, Colombia
Nota de Emilio Gala.
