La decisión de migrar siempre tendrá mil matices. Mientras hay quienes lo hacen por placer, hay quienes lo hacen por necesidad. Dejar atrás la tierra que nos vio nacer para continuar con nuestras vidas siempre será difícil y aterrador, pero también enriquecedor. Adriana Lucía llegó a Bogotá siendo apenas una adolescente. Aunque nació en Santa Cruz de Lorica, Córdoba, la capital colombiana se convirtió en una de sus ciudades favoritas. Aquí, ha dicho ella misma, terminó de consolidar su carrera profesional y construyó aquellas cosas que hoy la convierten en una mujer exitosa y feliz. Su esposo es bogotano, al igual que sus tres hijos. De sus más de 800.000 oyentes mensuales, 164.228 son de Bogotá, de acuerdo con cifras de Spotify.
Aunque hoy Bogotá es su casa, su pueblo la acompaña. En ella habita su lugar de origen, y es algo que vemos fácilmente. Su música y su cocina son apenas dos de las cosas que nos permiten ver a El Carito a través de ella. Recientemente, la cantautora lanzó Pueblerina, una canción que reivindica lo que, para muchos, se trata de un insulto. Para ella, ser pueblerina no es solo algo de lo cual sentirse orgullosa, sino algo que, directamente, genera comunidad. En una conversación con Marie Claire Colombia, la intérprete de En la playa te espero detalló lo que hay detrás de su nueva apuesta musical.
‘Nos parecemos más de lo que creemos’: el significado de ‘pueblo’ para Adriana Lucía
Adriana Lucía es una mujer de pueblo, y durante años retumbó en su mente la idea de resignificar la palabra ‘pueblerina’. ‘Yo, evidentemente, soy una mujer de pueblo. Soy pueblerina. Con el paso del tiempo me di cuenta de que la palabra ‘pueblerina’ se utilizaba de manera despectiva. Siempre era como: ‘Váyase para su pueblo’, ‘provinciano’, ‘montañero’, ‘corroncho’. Entonces tenía eso en mi cabeza, algo que me taladraba desde hace mucho tiempo. Luego empecé a hablarlo, pero no podía conectar el discurso con una canción. Y durante los últimos dos años, creo, se me metió eso en la cabeza y un día apareció’, comenzó diciendo.

‘Lo que te quiero decir es que no es algo nuevo, sino algo que venía imaginando desde hace mucho tiempo. Sobre todo porque, claro, yo soy una mujer Caribe. El ser Caribe se pone de moda y va y viene. Pero también creo que es una forma de separarme. Yo soy una pueblerina que vive en Bogotá hace muchísimos años, que ama Bogotá y que tiene hijos en Bogotá. Mis hijos, como dice mi hijo Salvador, él es un costeño de Bogotá. Yo me empecé a dar cuenta de que todos los pueblerinos nos parecemos, sean de Boyacá, de Santander o del Tolima. Tengo una amiga de España, de La Mancha, y ella habla de su pueblo como yo hablaría del mío. Entonces creo que hay una conexión ahí. Mientras el mundo se encarga de recordarnos en qué nos diferenciamos, a mí me parece que el concepto de pueblo nos recuerda que nos parecemos más de lo que creemos’, agregó.
En un mundo que obliga a mimetizarse y a esconderse entre lo que es igual, Adriana Lucía propone darle paso a aquello que nos hace únicos, en especial, a quienes se han sentido obligados a cambiar para encajar. ‘A veces la gente piensa: “Voy a moderar mi acento, voy a ser más suave, voy a hacer que esto no se note tanto”. Y no, yo creo que es muy hermoso sentirse orgulloso de lo que uno es’, señaló.
¿Cómo hacer que lo clásico no pierda su esencia? El junte de la cumbia y el afrobeat
Uno de los retos más grandes de Adriana Lucía para crear Pueblerina tuvo que ver con los ritmos. Mezclar cumbia y afrobeat no fue algo sencillo; de hecho, se trató de un proceso milimétricamente cuidado.
‘Primero yo tenía que encontrarle el parecido. Sin duda, siendo yo nacida en el Caribe, son ritmos muy familiares para mí (…) Desde el afrobeat nos conectamos desde el origen africano, pero también desde las Antillas (…) Yo entendí que la cumbia también tiene muchas etapas y muchos tipos. Está la cumbia de acordeón, la cumbia de orquesta… pero, en mi caso, sentí que la que conectaba con el afrobeat era la cumbia más tradicional, la que viene de los tambores. Ahí encontré una conexión superfuerte (…) negociamos los brillos. El afrobeat los tiene y la cumbia también. Y la guitarra fue un camino muy difícil porque la cumbia te sugiere un tipo de guitarra y el afrobeat te sugiere otro’, detalló.

‘Creo que escuchando mucha música del Caribe en general, escuchando a gente como Juan Luis Guerra y Joe Arroyo, que han hecho cosas magistrales con la guitarra, encontramos un punto en común. Y desde la composición yo quería que la canción fuera muy moderna, pero que tuviera unos trazos de coros muy tradicionales, normalmente de pregunta y respuesta. Entonces, cuando escuchas los coros, hay una voz muy negra, muy presente, muy tradicional, y creo que logramos algo súper identificable’, agregó.
La satisfacción de la labor cumplida
Adriana Lucía lleva años haciendo música y replicando, a su manera, los sonidos colombianos. Para ella, su voz es importante no solo porque le permite hacer lo que más ama, sino también porque le asegura una profunda conexión con quienes disfrutan de lo que ella hace. Generar comunidad a través de sus composiciones le llena el alma, y esa es una de las cosas que más la conmueve.
‘Yo te puedo decir que lo más satisfactorio es ver a los niños. No hay semana en la que no tenga videos de niños haciendo la música en el colegio, representando eso, poniéndose sus flores en la cabeza, sus polleras (…) Esa es mi gran satisfacción: ver que hemos cumplido la misión de ser un puente generacional. Que no sea un teléfono roto, sino un puente que comunique generaciones y que podamos pasar gente de aquí para allá. Yo confío mucho en esta nueva generación. Soy súper fan de las nuevas generaciones. La gente dice: “Es que estos niños de ahora…”. Pero yo tengo un joven de esa edad en mi casa, lo escucho, sé cómo piensa, y me parece fantástico lo preocupados que están por compartir historia, por saber de dónde venimos (…) yo estoy muy esperanzada’, dijo en nuestra conversación.
Confiar: la clave de la creatividad
La creatividad es algo que se trabaja todos los días, explica Adriana Lucía. Con el pasar de los años, y con una carrera dedicada al arte, pensar en nuevas propuestas se convierte en una tarea ardua; sin embargo, ella ha sabido sortearlo.
‘Sí, hay momentos de sequía. A mí me pasa mucho con los dolores físicos. Cuando tengo una dolencia física, me desconecto totalmente. Y recuerdo mucho algo que me dijo Carlos Vives. Fue un antes y un después para mí. Me dijo: “Esto también es un oficio. Y si no puedes componer una canción, enciérrate en un cuarto y no salgas hasta que la tengas, porque esto es un músculo que se ejercita” (…) Eso me cambió la cabeza porque yo era de las que decía: “No, tengo que esperar a que llegue la música”. Pero entendí que también hay que trabajar, ponerse todos los días, aunque no tengas ganas. Como decía Picasso: “Ojalá que la inspiración llegue y nos encuentre trabajando”’, destacó.
‘Claro que hay momentos de lucidez en los que salen tres canciones seguidas, y otros en los que no sale ni media. Pero he encontrado un grupo seguro. Me gusta trabajar en comodidad, con gente con la que no me dé pena decir algo que suene ridículo. Antes trabajaba sola y ahora trabajo en equipo, y me gusta más. He aprendido a confiar más en mí y a entender que hasta las bobadas pueden funcionar. Me exijo mucho’, acotó.
¿Volver a la raíz? No, Adriana Lucía nunca se ha ido
En tiempos de caos y movimiento surge la expresión, a veces cliché, del regreso a la raíz. Perderse y no saber a dónde ir parece tener siempre la misma respuesta: regresar al origen. Para Adriana Lucía, ese punto de origen es subjetivo. En nuestra charla, la cantante reveló que, de alguna manera, siente que jamás se fue de la raíz; por el contrario, evolucionó dentro de ella.

‘Curiosamente, siento que nunca me he ido. Siento que habito en ellas. Ha sido más un viaje de introspección. Creo que el mundo, la moda, la cocina, todo está girando hacia eso. Pero yo habito ahí desde hace mucho tiempo. Y eso me llena de emoción porque también fue algo que me frustró durante años: preguntarme por qué la gente no veía el valor de lo hecho a mano, por qué pedían rebaja a eso y no en un almacén, por qué no se le daba valor a los artistas hasta que se morían’, relató.
‘Entonces decidí transformar esa frustración en otra cosa: en vez de renegar y preguntar por qué no conocen esto, decirles: “Vengan, yo les cuento”. Por eso decidí hacer documentales, discos, contar historias, tener este restaurante, compartir las recetas de mis abuelos, de mi mamá, de mi pueblo. No ha sido solamente la música, ha sido un todo. Incluso cosas como el pelo, la ropa… La gente ve la moda como algo superficial, pero no lo es. Es comunicación no verbal. Uno comunica todo el tiempo. Ha sido una búsqueda hacia mi interior, y me emociona mucho pensar en lo que viene para la siguiente generación porque ya partimos de otro lugar. Y también entendimos que ser algo o pertenecer a una raíz no depende solamente de símbolos’, continuó.
‘No es que si eres colombiano tienes que llevar carriel y poncho. ¿Y si no los llevas, entonces no eres colombiano? Claro que lo eres. ¿Y si eres costeño y no te gusta el suero ni sabes bailar? También lo eres. He entendido que ser de pueblo, ser pueblerina, no es solamente un pedazo de tierra. Es algo que llevas dentro y que nadie te puede quitar. Así te vayas a Cafarnaúm, allá lo llevas contigo. Tú sigues siendo eso’, enfatizó y concluyó.
