América Latina sigue siendo un punto focal en lo que se refiere a talento creativo. La labor de cada personalidad de la industria consolida, globalmente, a la región.
Marie Claire Colombia, en colaboración con The Bicester Collection, reunió en Milán a 30 figuras latinoamericanas para rendir homenaje al talento emergente que está transformando la moda.
La cena, realizada en vísperas de los CNMI Sustainable Fashion Awards, fue un encuentro íntimo donde la creatividad, la identidad y el orgullo latino fueron los protagonistas.

Entre los invitados se destacó la presencia de la diseñadora colombiana Ana Tafur, nominada por su proyecto SAKE, cuyo trabajo se ha convertido en un símbolo de innovación ética y conexión con las raíces.
El encuentro reunió a referentes como Luisa Fernanda W, Pipe Bueno, Nazarit Machín y Manuela Rubio, quienes, junto a otros creadores, artistas y voces influyentes de la región, compartieron una misma premisa: celebrar la fuerza de una generación que exporta cultura, oficio y visión propia al mundo.

Ana Tafur y el espíritu de SAKE en una noche de orgullo latino
Aunque la nominación de Ana Tafur fue uno de los motivos de celebración, la cena pretendía abarcar lo que significa, para la industria, el incansable trabajo de los latinoamericanos dentro de ella. Ana, en particular, ha logrado construir un camino admirable: un modelo latinoamericano que une técnica ancestral, impacto social y una mirada regenerativa de la moda.

Desde Perú, su proyecto SAKE funciona como un laboratorio textil nómada que reúne a más de 300 artesanos de comunidades andinas y amazónicas, preservando saberes tradicionales y explorando nuevas posibilidades en los materiales.
En la conversación, Tafur compartió cómo su viaje desde la industria del fast fashion hasta el trabajo con comunidades la llevó a replantear su propósito. SAKE, explicó, no busca acelerar tendencias, sino honrar los tiempos de la naturaleza y de las manos que crean.


Una velada para reconocer las raíces y proyectar el futuro
La cena de Marie Claire sirvió como un puente entre América Latina y Europa, mostrando que la moda del continente no solo es estética, sino también memoria, comunidad y resistencia.
Desde los tejidos manuales hasta los discursos sobre sostenibilidad, los invitados coincidieron en una idea: el verdadero lujo hoy está en aquello que nace del territorio y se construye colectivamente.
Este encuentro en Milán no fue una despedida ni una meta final, sino un comienzo. Una declaración de que el talento latino está listo para trascender, con voz propia, los escenarios globales.

