Creo que algo similar a esa emotividad podría compararse con una mañana de Nochebuena: esa expectativa casi divina de saber que hay una sorpresa que te espera y que mágicamente se hace realidad frente a tus ojos.
Pues bien, querida lectora, es aquí donde hoy me encuentro: con el corazón acelerado —como si fuera mi primera vez—, una sonrisa de oreja a oreja y la sensación de tener una armadura invisible, pues hoy voy a recibir una clase magistral de creatividad del increíble monsieur Blazy, quien está presente en su segunda colección de ready-to-wear para la casa Chanel.
Al entrar al Grand Palais, a la luz de una tarde parisina, me encuentro con una estructura negra y un piso que parece sacado de la colección favorita de crayones de mi hija de cuatro años. Nos inundan las tonalidades pastel y escarchadas; todo brilla y se siente fantasioso, cósmico e increíble. Alzo la mirada y, sobre mí, cuelgan grúas de construcción en colores primarios que, a medida que se pone el sol, se iluminan y, poco a poco, nos dejan ver el marco bajo el cual Chanel presentará su próxima colección otoño-invierno en París.
Estas estructuras hacen referencia a la etapa creativa de Blazy dentro de la casa, a su deseo de reforzar el mensaje de que la maison, bajo su visión, sigue siendo una obra en construcción.
Al ritmo de Paris 1920 de Claude Debussy, el show con dinamismo y paso firme. El look de apertura consistía en dos piezas: un saco y una falda de tweed; este inicio hizo un pequeño guiño al proceso creativo, al origen de la casa y a su icónico Chanel suit. Después salió la modelo Bhavith Mahadev, recién designada embajadora de la casa, cuyo nombramiento se anunció días antes del desfile.
La colección está dividida en tres familias principales. La primera es Le Jour, —el día—, que plasma todo el universo del traje Chanel con la mirada nostálgica, pero revolucionaria, de Blazy y explora cómo puede verse y sentirse en la actualidad.
La segunda es La Crépuscule —el atardecer—, un momento de conexión donde la mujer puede concentrarse en la función y no en la forma, en moverse con facilidad, en estar cómoda y segura para desarrollar todo aquello que se proponga con certeza. Aquí entran todos los vestidos tejidos de experimentación —uno de los guías más espectaculares del recorrido textil de Blazy—; vestidos y faldas con cinturilla, vestidos globo que se cierran en la pantorrilla y se refuerzan con la silueta, esa idea del “capullo” de la oruga, representando la protección y el resguardo —la funcionalidad femenina—.
Y la tercera —my personal favorite—, The Butterfly, que se centra en el momento nocturno, cuando la mariposa puede desplegar sus alas y se abre al mundo. Este instante en el que la mujer puede darse a sí misma todos los permisos para ser, disfrutar y llegar más allá. Esta colección encierra todo el color, el brillo, el encaje, el anhelo, el raso, el tul, lo translúcido, el exceso del soñar, así como la experimentación del color, la fantasía y las transparencias usadas como capas exquisitas. Inspirado en una frase de Coco Chanel, en la que ella habla de la mujer como un híbrido constante entre ambas figuras —la mariposa y la oruga—, Blazy reflexiona lo siguiente:
“Chanel is a paradox,
Chanel is function,
Chanel is fiction,
Chanel is freedom to choose.
I wish to create a canvas for women to be unapologetically who they are and want to be.”
— Chanel es una paradoja; Chanel es función; Chanel es ficción; Chanel es libertad de escoger. Quiero crear un lienzo en blanco para que las mujeres sean, sin disculpas ni reservas, quienes son y quienes quieran llegar a ser—.
El Chanel de Blazy es una estimulación constante: un llamado a la creación, a la función y al corazón. Esta colección fue una continuación de la conversación iniciada en septiembre alrededor del universo Chanel y de cómo Blazy, en esa charla soñada, logra elevar el imaginario de la casa, manteniéndose en la esencia y la tradición.
La disposición de los espacios fue mágica. Cada sala tenía su propio ritmo, su propia emoción, como si el recorrido fuese una experiencia inmersiva. La manera en que los tonos y texturas dialogaban entre sí creaba una narrativa visual coherente y profundamente sensorial.
Otro reflejo del lenguaje de Blazy es esta colección en la mirada a la naturaleza como fuente de inspiración. Las grandes mesas de trabajo encontraban en la belleza de lo orgánico y natural una fuente de inspiración infinita. Pienso en un atardecer sublime, en esos momentos en los que se mezclan los tonos dorados y rojizos del cielo; pienso en ese juego de luces y sombras que se posa sobre la piel. Es un lenguaje poético, pero también técnico: los tejidos, las capas, las transparencias, los cortes y las proporciones cuentan una historia que va más allá de la superficie.
Chanel siempre creyó en la mujer como una figura poderosa y magnética, capaz de cambiar las reglas y habitar todos los espacios. Hoy, Blazy honra ese legado de manera mágica, auténtica y sumamente poética, sin miedo al ensayo y al error, creando sin reparos desde la alegría y buscando lo maravilloso con la posibilidad de soñar. Blazy entiende los paradigmas de la mujer de hoy y encuentra en el vestir darle un oasis capaz de nutrir y acoger todo lo que representa su exploración y su cotidianidad, sus sueños y su realidad.
Propone, en gestos creativos maravillosos, recordarle que algunas veces puede simplemente bailar y que, así, la vida también irá evolucionando a su paso, como la oruga y la mariposa, como Gabrielle y Mathieu, como la existencia misma: un momento nutrido de magia, si logramos abrazarnos un poco y disfrutarlo, antes de que se nos acabe.
Bravo, Matthieu Blazy: qué honor ver el proceso, la materialidad, la inventiva y el hacer de la nueva colección para Chanel. Las respuestas fuera de proporción como las que vivimos en carne y hueso en París y que resonaron alrededor del mundo son una prueba más de que el diseño, todas queremos un pedacito de Chanel por Blazy para atesorar.
Me voy con la idea de que, si creemos que esta colección fue un éxito rotundo en tienda, la que viene será una verdadera locura. No puedo esperar para viajar y vivir como una sirena-mariposa cósmica al estilo de Blazy disfrutando lo bello de construir mi narrativa personal y estética junto a una maison que sabe abrazar todos mis matices, por un amor que sabe hacer caer y al que, inconmensurable, le deseo el mundo.
Until next season, monsieur Matthieu et merci beaucoup.
Por: Ana Beliza.
