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¿Ver terror libera estrés? La psicología responde

¿Ver terror libera estrés? La psicología responde


Estudios revelan que el cine de terror activa el cerebro, genera placer y fortalece vínculos.


La adrenalina, el miedo, el suspenso y los sobresaltos son elementos que separan a los amantes del terror de aquellos que prefieren evitarlos a toda costa. Ver películas de terror implica exponerse voluntariamente a emociones intensas, y aunque suele asociarse con el malestar, la psicología revela que este hábito puede tener beneficios sorprendentes. ¿Es saludable? Todo depende de cómo se experimente.

En un entorno controlado, como la charla entre palomitas y amigos, el miedo ficticio activa una respuesta fisiológica auténtica: aumento de adrenalina, dilatación de pupilas, tensión muscular y un subidón de endorfinas y dopamina. Pero lo mejor es que tu cerebro sabe que no hay un peligro real, permitiéndote experimentar la montaña rusa emocional sin riesgo alguno.

Lo que dice la ciencia sobre el miedo saludable

El científico Coltan Scrivner, en una presentación para la Asociación Americana de Psicología, afirma que las películas de terror permiten experimentar miedo en un contexto seguro. Según él, el cerebro reacciona ante el estímulo, pero al mismo tiempo es consciente de que no hay un peligro real. Esta respuesta de amenaza segura puede resultar no solo divertida sino también beneficiosa.

Estudios revelan que el cine de miedo activa el cerebro, genera placer y fortalece vínculos.
¿Ver terror libera estrés? La psicología responde. Cortesía de Freepik.

Además, Scrivner asegura que este tipo de contenido permite una liberación emocional y que, tras superar el susto, las personas sienten un descanso emocional. El cuerpo produce sustancias ligadas al placer, la excitación y la recompensa: adrenalina, dopamina y endorfinas.

Otros estudios complementan esta mirada. Según investigaciones citadas por Selia, el consumo regular de películas de terror podría favorecer la resiliencia emocional. En otras palabras, quienes se exponen con frecuencia a escenas aterradoras desarrollan una mejor capacidad para lidiar con el estrés y los momentos de tensión en la vida real. Este tipo de contenido funciona como un ensayo emocional, una especie de simulacro donde se entrenan la tolerancia, la calma y la agudeza mental.

También se ha demostrado que estas películas estimulan áreas del cerebro relacionadas con la planificación, la atención sostenida y el razonamiento lógico. Mientras el cuerpo reacciona al susto, la mente analiza, anticipa, busca soluciones. Ver una buena historia de horror se convierte así en una forma de mantener alerta la maquinaria mental, casi como resolver un rompecabezas bajo presión.

Beneficios emocionales y sociales inesperados

El miedo, paradójicamente, puede unir. Ver películas de terror en compañía fortalece vínculos emocionales. Compartir sobresaltos y carcajadas nerviosas genera empatía y cohesión grupal. Es una forma instintiva de conexión: todos reaccionan ante lo mismo, todos buscan refugio en el otro, aunque sea desde la comodidad del sofá. Scrivner destaca que este tipo de experiencias compartidas pueden ser más efectivas para crear lazos emocionales que otras formas de entretenimiento más tranquilas.

Desde el enfoque emocional, también se habla del valor catártico del terror. Las escenas intensas permiten liberar tensiones acumuladas, emociones reprimidas o incluso sensaciones de frustración, miedo o rabia que no encuentran otra vía de expresión. En este sentido, ver una película de terror puede ser tan útil como hacer ejercicio o llorar cuando se necesita.

Y para quienes lidian con fobias comunes, el terror puede servir como una forma de terapia de exposición. Al enfrentarse, desde un entorno seguro, a situaciones como oscuridad, encierro, sangre o aislamiento, el cerebro comienza a desensibilizarse de a poco. Este tipo de aproximación, si se hace con cuidado, puede reducir reacciones de ansiedad a largo plazo.

¿Cuándo deja de ser saludable?

Claro, no todo es beneficioso. Hay límites que es importante reconocer. Ver películas de terror de forma compulsiva, especialmente si son altamente perturbadoras o están cargadas de violencia extrema, puede afectar el bienestar emocional. Las señales de alerta incluyen insomnio, pesadillas recurrentes, aumento de la irritabilidad o una sensación persistente de alerta.

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La identificación excesiva con personajes o situaciones también puede generar confusión emocional. En casos extremos, puede detonar angustia, fobias o activar recuerdos traumáticos. Por eso, la recomendación desde la psicología es clara: consumir este tipo de contenido desde un estado emocional estable, evitando que se convierta en una forma de evasión o de desgaste.

Terror, cerebro y salud mental: lo que dice la ciencia
Estudios revelan que el cine de miedo activa el cerebro, genera placer y fortalece vínculos. Cortesía de Freepik.

Además, se ha observado que la exposición frecuente a imágenes violentas o perturbadoras puede desensibilizar emocionalmente. No significa que la persona se vuelva insensible, pero sí que ciertas respuestas empáticas o de alarma pueden debilitarse con el tiempo. Es importante elegir con criterio qué ver, cuándo y con quién, y permitirse parar si el cuerpo o la mente lo piden.

¿A quién le funciona mejor?

Las personas con alta apertura a experiencias, según la psicología de la personalidad, suelen ser las más fanáticas del terror. Son creativas, curiosas, sensibles a lo inusual y con menor necesidad de control. Además, buscan activamente emociones intensas, aunque no necesariamente las provoquen en su vida cotidiana.

También se ha observado un aumento del consumo de terror en momentos de crisis social o incertidumbre colectiva. Frente al caos real, las personas buscan un caos simbólico que puedan dominar. Ver películas de terror se convierte en una forma de enfrentar los miedos reales desde un lugar de control: tú eliges cuándo empieza, cuándo termina, y sabes que al final, pase lo que pase, siempre podrás apagar la pantalla.

La psicología sugiere que, vistas con moderación y desde un estado emocional saludable, las películas de terror pueden ser herramientas útiles para entrenar la mente, liberar emociones y reforzar vínculos afectivos. El miedo, cuando es ficticio y bien administrado, puede convertirse en un aliado inesperado.


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