Mu-ki-ra, la primera película de animación de Estefanía Piñeres como directora, comenzó con una idea distinta: un cuento infantil que quería compartir con unos niños con los que había trabajado en una fundación. Lo escribió en verso y pensó en publicarlo como un libro ilustrado, pero una editorial rechazó la propuesta. Fue entonces cuando un amigo le sugirió llevar la historia al audiovisual. Estefanía decidió probar, sin imaginar cuánto tiempo le tomaría convertir aquellas primeras páginas en una película.
Era 2018 y acababa de escribir la primera versión del guion. Casi nueve años después, la historia de Cleo, una niña que se adentra en la selva para rescatar a su hermano menor, llegó a las pantallas. En ese recorrido, la actriz, guionista y directora encontró la manera de construir un universo de fantasía con una identidad latinoamericana, pero también se enfrentó a los desafíos creativos y económicos que implica hacer animación en Colombia.
Estefanía, a quien vimos protagonizar Delirio, la serie de Netflix basada en la novela de Laura Restrepo, ha desarrollado su carrera entre la actuación y la creación de historias. En conversación con Marie Claire Colombia, nos contó cómo nació Mu-ki-ra, por qué quería que los niños latinoamericanos pudieran reconocerse en sus personajes y qué aprendió durante un proceso que puso a prueba su idea inicial y la forma de llevarla a la pantalla.
¿Cómo nació Mu-ki-ra y por qué Estefanía Piñeres quiso hacer una película infantil?
La historia comenzó cuando Estefanía trabajaba con niños en una fundación. Quería crear algo para ellos y escribió un cuento infantil en verso, con la intención de convertirlo en un libro ilustrado. Sin embargo, la propuesta no encontró el lugar que esperaba en el mundo editorial. La respuesta que recibió terminó llevándola hacia otro camino. ‘Me dijeron que la literatura infantil no estaba funcionando hoy en día, que los papás solo querían comprar como Disney y Pixar, y que era mejor que no hiciera esto’.
Un amigo le propuso explorar la posibilidad de hacer una película. Estefanía no tenía experiencia en animación como directora, pero decidió escribir una versión para la pantalla y presentarla a una convocatoria del Ministerio de Cultura. El proyecto obtuvo su primera beca y empezó a tomar forma como una película. ‘Yo, absolutamente irresponsable, inocente, sin siquiera pensar lo que eso podía implicar a largo plazo, escribí una versión de guion y la mandé al sistema de convocatorias del Ministerio de Cultura y me gané esa primera beca’.
La protagonista de Mu-ki-ra es Cleo, una niña de 13 años que se interna en una selva habitada por criaturas fantásticas para encontrar a su hermano menor, Martín. En el camino la acompañan una anciana mágica y un oso hormiguero que aporta humor a la aventura. La búsqueda la lleva hasta la criatura que se ha llevado a su hermano y a un secreto que cambia su manera de entender lo que sucede a su alrededor. La fantasía fue importante desde el comienzo. La historia necesitaba un mundo propio, con personajes y criaturas que permitieran explorar las emociones y los conflictos de la infancia desde una perspectiva distinta. La animación le ofrecía posibilidades visuales para construir ese universo y contar la historia que había imaginado.

¿Por qué Mu-ki-ra busca representar las infancias latinoamericanas?
Para Estefanía, crear una película infantil también significaba pensar en quiénes aparecerían en pantalla y qué experiencias contarían. Quería que los niños de Latinoamérica pudieran reconocerse en los personajes, sus rutinas y sus conflictos, en lugar de encontrar únicamente historias construidas desde otras realidades. ‘Yo soy latinoamericana, entonces ya vengo impregnada de otra forma estética, de otra forma narrativa. Y como yo quería contar una historia para estos niños con los que estaba trabajando, lo que hice fue poner cosas de las que hablábamos con ellos, sus conflictos, su rutina, su día a día’.
Esa intención también supuso conversaciones con los equipos que participaron en la producción. La película se realizó como una coproducción entre Letrario, de Colombia, y Abano Producións, de España, una alianza que ayudó a hacer viable un proyecto de estas características. Sin embargo, las diferencias culturales también aparecieron durante el proceso: lo que para una parte del equipo resultaba cercano podía no serlo para otra.
Uno de los aspectos que Estefanía quería conservar era la manera en que la infancia latinoamericana se relaciona con las emociones difíciles. La tristeza, por ejemplo, no debía quedar fuera de una historia dirigida a los niños solo porque pudiera resultar incómoda. ‘Una de las conversaciones importantes con mi coproductora era que ella me decía mucho: Es que yo no le quiero presentar a los niños la tristeza. Y yo le decía: Es que en mi país yo no le tengo que presentar a los niños la tristeza. Los niños habitan la tristeza perfectamente, parte de la vida natural de quienes crecemos en un país como este’.
La película no busca presentar una infancia sin conflictos, sino acercarse a las experiencias de los niños desde un lugar que reconozca sus emociones y su capacidad para enfrentarse a situaciones complejas. Para su directora, esa mirada también hace parte de una identidad narrativa que merece espacio en el cine de animación.
¿Cómo construyó Estefanía Piñeres la identidad visual y musical de Mu-ki-ra?
Encontrar una identidad propia era fundamental. Estefanía sabía que no contaba con los presupuestos ni los recursos técnicos de grandes estudios internacionales, por lo que la película necesitaba tomar decisiones creativas que respondieran a sus posibilidades sin perder la personalidad de la historia. ‘Como no podíamos competir con Disney y con Pixar, justamente por el tema de recursos y de las técnicas, teníamos que encontrar una identidad que nos separara de ellos. Entonces, lo que hicimos fue usar nuestras limitaciones en términos técnicos y presupuestales para crear una ética visual que nos representara’.
En lugar de intentar reproducir el aspecto de las grandes producciones, el equipo buscó un lenguaje visual propio, con colores vibrantes y una propuesta que acompañara el carácter fantástico de la historia. La intención era que las decisiones estéticas no fueran únicamente una respuesta a las limitaciones del presupuesto, sino que ayudaran a definir el universo de Mu-ki-ra.
La música también ocupa un lugar importante. Las canciones originales fueron producidas por Juan Pablo Vega, ganador del Latin Grammy, y el percusionista Larry Ararat. Su participación contribuyó a construir el componente musical de una película en la que los sonidos y las canciones forman parte del mundo de los personajes. ‘La música atraviesa nuestra vida profundamente, entonces para mí era natural’. La animación estuvo a cargo del estudio colombiano Dinamita Animación. Así, el proyecto reunió a profesionales de distintos campos para desarrollar una película que combinara fantasía, música y una mirada particular sobre la infancia, sin desprenderse de su origen latinoamericano.
¿Cuánto tiempo le tomó a Estefanía Piñeres hacer Mu-ki-ra y qué dificultades enfrentó?
Entre la primera versión del guion, escrita en 2018, y la llegada de Mu-ki-ra a las pantallas transcurrieron casi nueve años. El tiempo que tomó el proyecto permite entender una de las dificultades centrales de la animación en Colombia: convertir una idea en una película requiere financiación, equipos especializados, recursos técnicos y una continuidad de trabajo que no siempre es fácil garantizar.
La producción contó con apoyos como el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC), Ibermedia y fondos españoles. También pasó por espacios de circulación y promoción internacional, entre ellos el Animation Day Showcase del Marché du Film de Cannes, en alianza con Annecy. La película tuvo su estreno internacional en la Selección Oficial del Festival de Cine de Locarno de 2026 y su estreno nacional se realizó en el marco del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, en la sección Cine en los Barrios, con niños y familias colombianas como espectadores.

Aun con esos apoyos, sacar adelante la película implicó negociar constantemente entre lo que el equipo quería hacer y lo que era posible producir. En animación, cada decisión visual y técnica puede afectar el tiempo de trabajo y el presupuesto, por lo que era necesario encontrar soluciones sin perder el sentido de la historia. ‘Nosotros hubiéramos querido hacer una película perfecta. Por un lado, no existe la película perfecta, pero, por otro lado, en animación para nosotros fue todo el tiempo un tema de negociación: hacer ciertas concesiones en términos técnicos, en términos visuales, ver cómo podíamos simplificar en muchos sentidos para que fuera viable y para que la película no se quebrara’.
El esfuerzo fue colectivo. En el momento de mayor amplitud, alrededor de 150 personas llegaron a trabajar en la película; otras etapas reunieron a un equipo de unas 70 personas. Para Estefanía, hablar de Mu-ki-ra también significa reconocer el trabajo de quienes participaron en su realización y los sacrificios que hicieron para que pudiera existir. ‘Llegamos al final con muchos apuros, con muchas dificultades y haciendo muchos sacrificios colectivos, además, porque yo no estoy sola en esto. Yo estoy aquí hablando por un grupo de 70, en su momento más amplio 150 personas que trabajaron en la película. Todos hicimos muchísimos esfuerzos para lograr que la película existiera’.
Por eso, uno de los logros que más valora no está únicamente en el resultado final, sino en haber demostrado que es posible hacer una película de animación en el país, aunque el proceso implique límites y decisiones difíciles. ‘Uno de los grandes logros y quizás de las grandes banderas de la película es: se puede. Se pueden hacer películas de animación en Colombia. Es difícil, implica sacrificios, implica también negociar contigo mismo qué tipo de película vas a hacer y cuáles son los alcances, por lo menos ahora, y qué significa el premio y lo que representa. Pero se puede’.
¿Qué conversación quiere abrir Mu-ki-ra entre padres e hijos?
Más allá de la aventura, Mu-ki-ra propone una reflexión sobre la forma en que nos relacionamos con quienes son diferentes. Para Estefanía, la alteridad es uno de los ejes centrales de la película: la manera en que miramos al otro, especialmente cuando no se parece a nosotros, y las ideas que construimos sobre aquello que desconocemos. ‘Para mí el eje central de la película es la alteridad: ¿cómo nos relacionamos con los otros? Nosotros, obviamente, con todo aquello que no se nos parece o con todo aquel que no se nos parece’.
La fantasía permite abordar esa pregunta a través de las criaturas que habitan el universo de Cleo. El encuentro con lo desconocido puede producir miedo, pero también curiosidad. La película invita a pensar qué ocurre cuando dejamos de intentar dominar o rechazar aquello que no entendemos y empezamos a acercarnos desde la empatía. ‘Es cómo nos relacionamos con el otro desde un lugar tal vez más de curiosidad, más de empatía; cómo cambiamos las narrativas que establecemos sobre el otro para, de alguna manera, restarle violencia al lenguaje’.
Esa reflexión se extiende a la relación con la naturaleza. En lugar de entenderla como algo separado de los seres humanos, o como un espacio que existe para ser dominado, Estefanía propone reconocer que hacemos parte de ella y que compartimos el planeta con otras formas de vida. ‘Si empezamos a relacionarnos con la naturaleza, no como que es un otro también, una cosa distante a ser dominada, sino que nosotros hacemos parte de ella y no en una escala de valores superior, no somos jerárquicamente superiores al resto de los seres con los que compartimos el planeta, también creo que ahí está el secreto de ser una sociedad menos violenta’.

Para la directora, estas preguntas pueden abrir conversaciones entre adultos y niños sobre las diferencias, el lenguaje que usamos para referirnos a los demás y la manera en que construimos nuestras relaciones. No se trata de entregar respuestas definitivas, sino de ofrecer una historia que permita mirar esas situaciones desde otra perspectiva.
¿Qué viene para Estefanía Piñeres después de Mu-ki-ra?
Estefanía describe este momento de su carrera como una primavera: proyectos en los que ha trabajado durante años comienzan a hacerse visibles, mientras otras historias siguen creciendo en silencio. Además de su trabajo como actriz, continúa explorando la escritura y la dirección.
En 2026 dirigió su primera película de ficción con actores, que se encontraba en posproducción cuando habló con Marie Claire Colombia. También trabaja como guionista para otras productoras y plataformas, y ya piensa en una nueva película de animación. Esta vez quiere explorar otras posibilidades, con una propuesta que podría acercarse al stop motion o tomar un camino distinto dentro de la animación. ‘Tengo en mi cabeza otra película de animación y me encantaría seguir haciendo animación desde un lugar más de juego, quizás menos clásico, repensar cómo contar estas historias desde las posibilidades que la animación provee’.
Aunque la dirección y la escritura ocupan cada vez más espacio en su trayectoria, la actuación sigue siendo una parte esencial de su vida profesional. Su recorrido incluye proyectos como Delirio, además de otros trabajos en cine y televisión, y no plantea sus distintas facetas como caminos excluyentes. Con Mu-ki-ra, Estefanía amplía su recorrido como creadora sin dejar de lado los otros caminos que ha construido en su carrera. La película reúne su interés por las historias infantiles, la fantasía y las preguntas sobre cómo nos relacionamos con los demás, mientras ella continúa explorando nuevas posibilidades tanto delante como detrás de la cámara.
