La colección surge como un homenaje a la construcción de la vivienda campesina colombiana y a las manos que levantan estructura, dignidad y hogar. Techo se percibe como una propuesta que comprende profundamente ciertos símbolos, materiales y formas constructivas arraigadas en la memoria visual del país, y los traduce al lenguaje de la moda sin convertirlas en caricaturas. La colección inicia con una paleta de grises que remite al concreto y al cemento húmedo; posteriormente aparecen tonos terracota y cafés; y hacia el final, rojos más intensos que evocan el ladrillo, la cerámica y las tejas características de las casas campesinas colombianas. Incluso los tejidos de varias chaquetas recordaban esas superficies y materiales.
Hubo una nueva silueta de pantalón de tiro muy alto, con una estructura rígida que ascendía hasta debajo del pecho y que resultaba casi arquitectónica, como si el cuerpo se transformara en un pilar: una referencia simbólica a los hogares colombianos que inspiraron la colección. La Petite Mort es una firma especializada en sastrería, y resulta especialmente significativo que esta colección dialogue precisamente con la idea de construir un techo. Al final, la sastrería también implica construcción: levantar una estructura alrededor del cuerpo. En ese sentido, la idea de erigir un hogar no está tan alejada de la lógica de confeccionar una prenda.

Mientras observaba la pasarela, recordé una clase de historia del arte moderno en la que analizábamos una obra de Picasso. En ese momento, un compañero comentó: ‘Yo también podría hacer eso y no cobrar millones de dólares’. El profesor respondió que, para deconstruir la figura de la manera en que lo hacía Picasso, primero era necesario comprenderla a profundidad. La colección me remitió a ese recuerdo porque incluía numerosas piezas deconstruidas. Aunque la deconstrucción en la moda no es un recurso nuevo, desde hace años distintas marcas han alterado proporciones, desmontado siluetas y reconstruido prendas desde perspectivas diversas.
Al igual que aquel compañero, algunas personas podrían pensar: ‘Yo también podría hacer un blazer con rotos’. Sin embargo, existe una diferencia sustancial entre intervenir una prenda para que parezca deconstruida y comprender realmente la arquitectura que la sostiene. Cualquiera puede rasgar una chaqueta; pero muy poca gente puede desmontarla, alterar sus proporciones y reconstruirla sin que pierda estructura. Esa fue una de las cualidades más impresionantes de la pasarela. Ninguna prenda parecía accidental ni improvisada. Todo transmitía precisión.

Esa precisión solo puede existir cuando detrás hay un conocimiento profundo de la sastrería clásica. Porque, para romper las reglas, primero es necesario comprender perfectamente cómo funcionan. Por último, el layering resultó magistral. No solo porque las composiciones visuales eran impactantes, sino porque las capas comenzaron a percibirse también como protección, abrigo y construcción. Cada elemento sostenía la narrativa con notable coherencia. Presenciar la colección fue verdaderamente emocionante.
Desde el punto de vista estético, las piezas son impecables y la construcción es extraordinaria. A pesar de tratarse de una colección profundamente conceptual, sigue siendo comercial, incorporable y deseable. Techo logra tomar elementos arraigados en la cotidianidad colombiana y traducirlos en una propuesta sofisticada y contemporánea. La pasarela concluyó entre aplausos de pie, pero quizá lo más asombroso fue el silencio previo a los aplausos: ese instante suspendido que solo aparece cuando una sala entera comparte la certeza de haber presenciado algo excepcional.

Por: Ana Galán de Brigard.
