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La belleza de volver a empezar

La belleza de volver a empezar

Hay un tema recurrente en las conversaciones que sostengo últimamente: el tiempo. 

Dondequiera que miro o leo, el tiempo forma parte del discurso. La semana pasada, mientras almorzaba con Beliza, mi hija de cuatro años, recordamos nuestros momentos favoritos juntas. Para hacerlo, vimos diferentes videos y, de pronto, empezó a llorar con mucho sentimiento. Le pregunté qué le pasaba y me dijo que quería volver a ser una bebé para revivir todas esas experiencias. Le expliqué que el tiempo no se detiene, pero que siempre tenemos el presente como regalo. Le dije que recordar con emoción lo que hemos vivido es natural y humano, y que el tiempo —como un gran sabio— nos recuerda la fragilidad de nuestras vidas. 

Comparto este momento con ustedes porque, por primera vez, quiero empezar este año con la ligereza de lo “menos”, con la intención de desacelerar un poco el paso y de invertir ese tiempo tan frágil y preciado en experiencias que queden grabadas en mi memoria con propósito y convicción. Considero que hemos alcanzado un punto crítico respecto a la sobreestimulación y que es un momento sano y necesario para hacer una pausa, frenar y reflexionar con calma y atención. 

Esta reflexión sobre el tiempo me ha llevado a pensar que la cantidad de entretenimiento fugaz y su consumo acelerado están llegando a su límite. En ese “corre, corre” en el que hemos intencionalmente transformado el camino de la vida, han surgido algunas señales que poco a poco nos recuerdan que no se puede mantener ese ritmo constante por siempre. 

La belleza de volver a empezar.

El 30 de diciembre, mientras organizaba los detalles que quería regalarle a mi familia para el Año Nuevo, pensé en una frase para enmarcar la celebración. Con el tiempo he ido prefiriendo celebraciones íntimas por encima de las fiestas grandes y multitudinarias: espacios donde seamos pocos, donde el entretenimiento dependa de mamá y papá, donde las conversaciones sean fructíferas y profundas, donde los mensajes calen. La frase con la que decidimos celebrar el año nuevo fue: “La belleza de volver a empezar”. 

Hoy la comparto con ustedes en mi primera columna del año, con el propósito de invitarlos a buscar la belleza que existe en los comienzos, aun cuando no siempre las cosas terminan o inician como quisiéramos. Hay belleza en los reinicios, en esa posibilidad divina de hacer borrón y cuenta nueva; y cada quien puede hacerlo a su manera, sin que lo dicte una red social o un algoritmo ajeno a nuestras vidas. La belleza de volver a empezar está en ustedes: en tomar el rumbo de lo que los impulsa y entender que, según la óptica desde la que vemos la vida, esta nos mostrará lo que le pedimos o buscamos en ella.

Esta introspección del momento se refleja también en nuestro entorno: en forma de inspiración, en los elementos gráficos y estéticos, en los esfuerzos colectivos por encapsular el momento. Miuccia Prada y su más reciente colección masculina son un ejemplo de ello. Mathieu Blazy y su Métiers d’Art en Nueva York colocan la cotidianidad como centro de la creación. No existe un momento más singular que el presente. Justo aquí, en este momento en el que se encuentran con este texto, en este espacio tan “común”, pero ese “común” de cada persona es lo que hace de la existencia algo especial. 

Este giro tan mercadeado hacia lo análogo no es solo una tendencia más de TikTok; es una respuesta colectiva de quienes se niegan a olvidar que hubo algo previo a la comparación infinita y a las velocidades inalcanzables. La belleza de volver a empezar nos acompaña para aprender de lo imperfecto, para saber que cometemos errores, pero ese error nos permite reflexionar, interiorizar y volver a crear, a estructurar, a creer, a soñar, a pensar, a imaginar.

Hay un tema recurrente en las conversaciones que sostengo últimamente: el tiempo. 

Entramos en un año de tensiones políticas complejas, de incertidumbre y de miedo; pero, al mismo tiempo, tenemos la posibilidad de clamar al unísono por lo que es nuestro, alzar nuestra voz y expresar que, como colombianos, también tenemos el deseo de empezar de nuevo. La belleza de volver a comenzar no requiere grandes manifestaciones específicas, sino reconocer que lo magnífico se encuentra en lo pequeño que nos rodea, ahí donde cada uno mira y encuentra la magia, ya que dentro de ella existe una autenticidad personal que nos hace capaces de reiniciar una y otra vez para construir y lograr nuestros proyectos y sueños. 

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Que el 2026 esté lleno de inicios maravillosos y que todo aquello que no salga como lo esperamos nos recuerde que estamos en el proceso divino de crear, editar y volver a empezar. 

Mucho amor y sabrosura pura, 

su latingal, Beli.    


Por Ana Beliza


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