En Bogotá Fashion Week 2026, OLD MAQUIINA presentó una colección atravesada por el deseo, la decadencia y una narrativa donde la moda funcionó más como ritual que como espectáculo.

Hay pasarelas que muestran ropa. Y hay otras que parecen contar algo que ocurrió hace mucho tiempo, aunque nadie pueda asegurar realmente si pasó. Eso fue lo que hizo OLD MAQUIINA durante su presentación en Bogotá Fashion Week 2026.
La colección pensada como el quinto capítulo dentro del universo narrativo de la marca, partía de una idea casi cinematográfica: una fiesta perdida en el tiempo, construida desde el exceso, el deseo y la necesidad humana de creer en algo. O en alguien.
Una fiesta convertida en mito
“Hubo una fiesta, eso lo cuentan todos”.
La frase funciona como punto de partida para una colección que se mueve entre el recuerdo y la ficción. Nadie sabe exactamente dónde ocurrió. Algunos hablan de corredores infinitos, otros de un sótano sin ventanas o de un edificio que ya no existe. Pero dentro de esa ambigüedad, OLD MAQUIINA construyó una de las propuestas más teatrales y oscuras de la semana. No desde el disfraz, sino desde la atmósfera.
Cada salida parecía formar parte de una misma escena: cuerpos atravesados por dramatismo, siluetas tensas y personajes que existían en un lugar incómodo entre lo humano y lo simbólico.

El cuerpo, el deseo y el colapso
La colección también hablaba de otra cosa:
del momento en el que las personas dejaron de creer en lo espiritual para empezar a creer únicamente en lo tangible.
La piel, el placer, el cuerpo, la necesidad de sentir algo inmediato. Y esa tensión aparecía constantemente dentro de la pasarela.
Las prendas parecían desgastadas por una noche demasiado larga. Los materiales tenían algo sucio, húmedo, casi caótico. Como si todo hubiera ocurrido después de horas de música, sudor y exceso.

EL LOCO, EL DIABLO y EL COLGADO
arte de la fuerza visual de la colección estuvo en la construcción de personajes.
“EL LOCO”, “EL DIABLO” y “EL COLGADO” aparecieron como símbolos recurrentes dentro de la narrativa, reforzando la sensación de estar viendo no solo una pasarela, sino una especie de ritual contemporáneo.
Las referencias esotéricas convivían con una estética profundamente oscura donde maquillaje, casting y estilismo terminaron expandiendo el universo emocional de la colección, cada salida acompañada de piezas de joyería de Paula Mendoza.
Y quizá eso fue lo más interesante: la ropa nunca apareció separada de la historia. Todo parecía existir dentro de la misma ficción.

Una narrativa antes que una tendencia
En un momento donde gran parte de la moda busca inmediatez, OLD MAQUIINA parece estar moviéndose hacia otro lugar. Uno donde la construcción de universo importa más que la viralidad inmediata. Donde cada colección funciona como capítulo de una historia más grande.
Y aunque muchas marcas hablan hoy de storytelling, aquí realmente se sentía presente. No había intención de verse “correcto”. Había intención de provocar algo.
Al final, quizá la colección nunca habló realmente sobre una fiesta. Habló sobre lo que pasa cuando las personas intentan llenar el vacío con ruido, con cuerpos, con deseo o con exceso. Y sobre cómo, incluso después de todo eso, nadie termina convirtiéndose en dios.
