Stephanie Cayo nunca ha tenido miedo de cambiar. Después de más de dos décadas frente a las cámaras, la actriz peruana entiende que crecer no significa encontrar todas las respuestas, sino aprender a convivir con las preguntas. En esta conversación realizada de la mano de Esprit Colombia, habla sobre el amor, la incertidumbre, la calma y la libertad desde la etapa más consciente de su vida, una donde la autenticidad pesa más que la aprobación y donde descubrirse sigue siendo el viaje más importante.
Hay personas que pasan la vida intentando pertenecer. Otras, en cambio, entienden que descubrir quiénes son resulta mucho más importante que encajar. Stephanie Cayo pertenece a ese segundo grupo. Su carrera la ha llevado por distintos países, personajes y escenarios, pero su verdadera transformación nunca ha ocurrido frente a una cámara. Ha sucedido en silencio, mientras aprendía a escuchar su propia voz. Cuando habla de los personajes que ha interpretado, sorprende la manera en que redefine el oficio de actuar. Para ella, ningún papel permanece una vez termina un proyecto; quien realmente cambia es ella.

‘Nunca he sentido que los personajes se queden conmigo; creo que soy yo quien cambia después de conocerlos. Un actor no interpreta vidas ajenas, interpreta posibilidades de sí mismo. Julia me recordó algo que ya intuía: que el amor verdadero no es una emoción, sino una decisión. Cuando hay verdad, respeto y compañerismo, el amor puede sobrevivir a casi cualquier tormenta. También me enseñó que la fortaleza no siempre hace ruido; muchas veces se parece más a la paciencia que a la resistencia’.
Descubrir antes que pertenecer
Mientras muchas personas buscan aceptación, Stephanie siempre eligió la curiosidad. Desde muy pequeña entendió que seguir su intuición era más importante que responder a las expectativas de los demás, incluso cuando eso significaba recorrer caminos distintos.
‘Siempre he protegido mi estabilidad emocional porque es desde ahí que puedo explorar el mundo con libertad. Nunca he sentido una gran necesidad de pertenecer. Desde niña fui mucho más curiosa que complaciente. Me interesaba descubrir antes que encajar y jamás tuve miedo de caminar sola si el camino tenía sentido para mí. Creo que la curiosidad ha sido uno de los motores más importantes de mi vida’.
La soledad como lugar de encuentro
En una época donde estar solo suele confundirse con estar incompleto, Stephanie habla de la soledad desde un lugar completamente distinto. No como una ausencia, sino como un espacio de construcción personal.
‘Descubrí que la soledad no es una ausencia; es un lugar de encuentro. Ahí entendí que no vine a gustarle a todo el mundo. Vine a ser honesta con lo que veo, con lo que pienso y con lo que siento. Como actriz aprendí hace mucho tiempo que cuando uno intenta agradar, deja de decir la verdad. Y para mí, la verdad siempre ha sido mucho más importante que la aprobación’.
Amar también significa dejar ir
Cuando la conversación gira hacia el amor, Stephanie evita cualquier discurso romántico tradicional. No habla de finales felices ni de relaciones perfectas. Habla de evolución.
‘No le pediría a la Stephanie de hace diez años que desaprendiera el amor. Le pediría que desaprendiera la idea de que amar significa quedarse. Siempre he entendido el amor como lealtad, amistad y compañerismo. Viví relaciones muy largas que agradezco profundamente porque me enseñaron que dos personas cambian muchas veces durante la vida. Algunas evolucionan juntas y otras no. Ninguna de las dos cosas significa que el amor haya sido un error. A veces las personas son extraordinarias, simplemente ya no para el viaje que decides emprender’.
Aprender a vivir sin todas las respuestas
Con los años también cambió su relación con la incertidumbre. Lo que antes podía sentirse como una amenaza hoy representa un territorio fértil para crear y transformarse. ‘Con el tiempo entendí que las personas que más saben suelen ser las que menos certezas tienen. Me gusta escuchar ideas distintas, cambiar de opinión cuando encuentro una mejor y aceptar que las respuestas evolucionan porque nosotros también evolucionamos. La incertidumbre dejó de parecerme un enemigo. Hoy me parece el lugar donde nace la creatividad’.

La calma como destino
Cuando le pregunto cómo suena esta nueva etapa de su vida, no responde con una canción. Responde con un paisaje: el mar. No hay escenario que represente mejor el momento que vive.
‘La banda sonora sería el sonido del mar porque es el único lugar donde nunca siento que tengo que demostrar nada. La ciudad sería Cartagena, por su alegría serena y porque me recuerda que la belleza no necesita perfección para existir. Y la emoción sería la calma. No esa calma que aparece cuando todo está resuelto, sino la que llega cuando dejas de querer controlar la vida y empiezas a dialogar con ella. Creo que esa es una de las formas más profundas de libertad’.
Quizá esa sea la mejor manera de definir hoy a Stephanie Cayo. Una mujer que ya no mide el éxito por la velocidad con la que avanza, sino por la honestidad con la que vive. Porque después de tantos personajes, escenarios y transformaciones, descubrió que la mayor libertad no consiste en convertirse en alguien diferente, sino en tener el valor de ser, cada vez más, uno mismo.
Texto: Emilio Gala
Realización: Gerard Angulo
Fotografía: Frances Rou
Maquillaje y peinado (MUAH): Carolina Saavedra
Asistente de moda: Lucía Zea
Intern: Tatiana Garrido
PR: Alexander Cubillos
Video: Cristian Guerrero
Coordinador de video: Valdemar Tarin
