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La vida a la Rawayana: una columna de Ana Beliza

La vida a la Rawayana: una columna de Ana Beliza

Hacer parte de un concierto de Rawayana se siente como ser miembro de una subcultura. Al referirse a las personas que siguen y quieren a la banda muy de cerca, Beto habla de una ‘comunidad core’, en la que quienes la integran responden a un llamado de liderazgo natural, de pertenecer a una minoría, de formar parte de ese aclamado ‘nicho’ que en nuestro tiempo evoca expertise, cultura y el poder de lo específico frente a un mundo que cada vez quiere que te parezcas a algo más.

Una de las cosas que más me impactó del concierto de Rawayana fue la singularidad de su estética. Si bien está claro que responde a un imaginario creativo y colectivo compartido desde la latinidad, hay muchos aspectos interesantes para explorar. Lo primero que salta a la vista es este caos divino de lo ecléctico, de cómo dentro de lo que no compagina se crea una obra mayor en la que todos los elementos son válidos y, por tanto, crean armonía.

Al definir esta estética, Beto señala la importancia de la libertad como fundamento: una propuesta que no persigue una regla definitiva ni juega entre áreas muy rígidas, sino que se encuentra en lo moldeable y responde a una mutación constante. Gran parte de esta inspiración viene del arte cinético —una de las corrientes artísticas más fuertes de América Latina— y del brutalismo. Inspiraciones que, si bien hacen un llamado constante a la ‘venezolanidad’ —si cabe llamarla así—, se alejan de la literalidad de los símbolos comunes del patriotismo al querer hablar de Venezuela.

La vida a la Rawayana: una columna de Ana Beliza.qupe

Al explorar el proceso creativo de un show, hablamos de la autonomía autoral y de cómo funcionan todas sus aristas desde la perspectiva del artista. Como audiencia, nunca sabemos cuáles son los aciertos o errores de un concierto, pero sí podemos sentir una conexión genuina con la manera en que se expresan los mensajes. Al igual que en el proceso de diseñar una colección o un desfile, existe una necesidad de compartir un mensaje, y es cómo se entiende o no lo que determina la calidad del diseño.

En esta ocasión, el diseño del show está pensado con gran atención al detalle. ‘Somos muy intencionales con lo que hacemos, con los tiempos, los movimientos, el cortometraje del show, el “encuentro” en sí tiene un valor muy importante’, afirma Beto.

Hay una intención clara dentro de todos los recursos estilísticos y creativos: la de comunicar algo que no requiere de mucha explicación o complejidad, algo sencillo de entender a primera vista, con lo que todos —desde cada una de sus esquinas— se pueden conectar. Ese algo es precisamente esa intención de contagiar y de crear comunidad: ecléctica, irreverente y distinta, en la que los referentes no vienen del hip hop de nuestra juventud o de la ostentosidad del género urbano —muy popular a nivel global—, sino de la recursividad de hacer lo máximo con lo que se tiene al alcance y, de esa manera, llegar a la autenticidad sin perseguirla directamente.

‘No pretendemos mucho más que impactar a las personas positivamente e intentar sumar’…

Al cierre del show, Beto reflexiona sobre el verdadero significado de su sexto álbum de estudio: ¿Dónde es el after? —un momento en el que se abre ese último portal de conexión con la audiencia, para edificar ese pilar de comunidad—.

¿Dónde es el after? es un resultado luminoso, divertido y sensorial de una investigación muy íntima de la agrupación en torno al miedo. Al hablar con algo de nostalgia sobre los contextos latinoamericanos y la preocupación constante ante nuestras posiciones políticas y sociales, nace una indagación genuina del after como esa sensación que hay al otro lado del miedo:

‘Una vez que lo has perdido “todo”, el peso del miedo se va; cuando te quitan todo solo te queda la libertad absoluta de afrontar la realidad y trabajar desde ahí con un enfoque diferente, un enfoque en el que los límites ya no existen’, explica el vocalista venezolano.

¿Dónde es el after? es una pregunta hacia el futuro; una invitación a dejar de sentir que debemos temerle a la incertidumbre, a asumir que ciertos miedos ajenos, impuestos por la sociedad, nos pertenecen, a pensar que el miedo es la carencia de algo o la emoción desde la cual deben nacer las intenciones.

¿Dónde es el after? es reconocer que —a pesar de que existe incertidumbre y miedo, y que jamás desaparecerán de nuestros contextos actuales— sabemos que hay algo más del otro lado que nos espera con ansias para ser descubierto y creado. ¿Dónde es el after? es la sensación de reconocer el amor por lo que se está haciendo, trabajar desde una pasión, construir una intención y clarificar la esencia de esas intenciones.

Quizás existe un propósito muy claro o quizás no, pero la intención no radica en tener o no tener algo, sino en entender que descubrir ‘qué es tu after’ es la verdadera enseñanza detrás de este mensaje:

Hacer parte de un concierto de Rawayana se siente como ser miembro de una subcultura
Hacer parte de un concierto de Rawayana se siente como ser miembro de una subcultura.

‘Lo lindo del diseño de esto es que hay respuestas diferentes cada noche. El público hace parte del proceso creativo de todo y la finalidad es que la gente goce y salga entusiasmada por la vida y por ese sentimiento de “¿dónde es el after?”’.

Volvimos a conversar sobre la moda y le pregunté si pudiese colaborar con algún diseñador con quién le gustaría hacerlo. Su respuesta me pareció inesperada y sumamente interesante: Carolina Herrera. Expresó que, si bien son identidades muy distintas, cree que solo alguien como ella —que es venezolana y que ha construido tanto fuera— podría entender algunas de sus intenciones en profundidad y encontrar hilos conductores relevantes para construir un discurso contundente y estimulante.

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Descubrí también que la famosa fragancia 212 de Carolina Herrera no alude únicamente al código telefónico de Nueva York: 212 es también el código de Caracas, lo que me hizo reflexionar sobre ese tipo de mensajes de fina coquetería que dicen mucho más de lo que se puede ver a simple vista.

Hay mucha tela por cortar en lo que constituye la identidad de una agrupación como Rawayana y su impacto cultural. Ellos construyen desde un lugar muy honesto y lo que transmiten resuena con fuerza en distintas generaciones: un desarrollo muy interesante de la experimentación constante y de un esfuerzo particular en no encasillarse en ningún género o identidad. Un ejercicio auténtico, latino y esperanzador de una voz fresca que busca dejar algo significativo en cada entrega.

P. D. Si no han ido o no saben ‘dónde es el after’, esta es su señal 😉

Mucho amor y sabrosura pura su latingal,

Beli.

‘¿Dónde es el after?’ es un resultado luminoso, divertido y sensorial de una investigación muy íntima de la agrupación alrededor del miedo’.


Por Ana Beliza.


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