En una industria obsesionada con la perfección, Isabella Chams decidió construir algo distinto. A través de Belah Beauty y de una visión de la belleza profundamente ligada a la autenticidad, la empresaria colombiana ha transformado una marca de maquillaje en una conversación sobre seguridad, propósito y crecimiento personal. Junto con Kérastase, conversamos con una mujer que entiende que la verdadera transformación no comienza frente al espejo, sino en la manera en la que aprendemos a creer en nosotras mismas.
Mucho más que una marca
Hay marcas que nacen para llenar un espacio en el mercado y otras que nacen para responder a una emoción. Cuando Isabella Chams habla de Belah Beauty, resulta evidente que su historia pertenece a la segunda categoría. Aunque hoy la firma se ha consolidado como una de las marcas de belleza más relevantes del panorama colombiano, para ella el verdadero propósito nunca estuvo únicamente en los productos. Cuando le preguntamos qué emoción define la filosofía de Belah Beauty, la respuesta llegó sin dudarlo: seguridad.
‘Para mí, la belleza nunca ha sido sobre cambiar quién eres, sino sobre reconocer tu valor y sentirte cómoda en tu propia piel. Quería que Belah Beauty transmitiera esa sensación, esa seguridad que nace cuando te sientes bien contigo misma’, explica.

Esa idea atraviesa toda su visión empresarial. En una época donde la belleza parece estar constantemente filtrada, editada y perfeccionada, Isabella ha construido una conversación diferente. Una donde el maquillaje no funciona como una herramienta para ocultar, sino como una forma de expresión personal.
‘Creo que la aspiración puede existir sin perder la autenticidad. Me gusta mostrar una versión cuidada y estética de la belleza, pero también recordar que detrás de cada imagen hay una persona real. La belleza más poderosa no es la perfección, sino la confianza que proyectas cuando te aceptas tal como eres’, afirma.
Cuando una marca se convierte en comunidad
Uno de los fenómenos más interesantes alrededor de Belah Beauty es que ha logrado trascender la categoría de marca para convertirse en una comunidad. Algo que Isabella reconoce como uno de los aprendizajes más importantes de su trayectoria.
El punto de inflexión llegó cuando comenzó a escuchar las historias de las mujeres que utilizaban sus productos. Historias que hablaban menos de maquillaje y mucho más de emociones, recuerdos y momentos importantes.

‘Muchas clientas nos escribían para contarnos cómo un producto las había acompañado en una ocasión especial o les había dado seguridad en un momento importante de sus vidas. Ahí comprendí que no estábamos vendiendo maquillaje; estábamos creando una conexión emocional con mujeres que compartían sueños, valores y experiencias similares’, recuerda.
Esa conexión es precisamente lo que diferencia a las marcas que generan consumo de aquellas que generan pertenencia. Y en el caso de Belah Beauty, la conversación siempre ha estado ligada a una idea fundamental: la belleza como una herramienta para potenciar la confianza.
Más que construir una empresa, Isabella parece haber construido un espacio donde miles de mujeres encuentran algo con lo que identificarse.
La empresaria que no sabía que existía
Antes de convertirse en fundadora, Isabella fue muchas cosas. Reina del Carnaval de Barranquilla, creadora de contenido, figura pública y comunicadora. Sin embargo, ninguna de esas versiones la preparó completamente para el desafío que implicaba liderar una empresa.
Cuando le preguntamos cuál había sido la versión más difícil de construir, la respuesta fue inmediata.
‘La más difícil ha sido la de fundadora, porque implica tomar decisiones todos los días, asumir riesgos y aprender constantemente. Es una versión que exige disciplina, resiliencia y mucha capacidad para adaptarse a situaciones que no siempre puedes controlar’. Pero también fue la versión que más la sorprendió.
‘Me permitió descubrir capacidades que no sabía que tenía y entender que los mayores crecimientos suelen venir precisamente de los retos más grandes. Hay una fuerza que aparece cuando te ves obligada a resolver problemas que antes ni siquiera imaginabas’, explica.
Quizá ahí reside una de las razones por las que tantas mujeres se identifican con su historia. Porque Isabella no habla desde la perfección. Habla desde el aprendizaje constante. Desde la experiencia de equivocarse, volver a intentarlo y seguir construyendo.
La belleza de aceptarse, según Isabella Chams
La industria de la belleza suele utilizar constantemente la palabra transformación. Sin embargo, Isabella cree que existe una diferencia enorme entre transformarse y aceptarse. Durante años, ella misma pensó que la confianza dependía de la apariencia. Hoy entiende que las cosas funcionan exactamente al revés.
‘He aprendido que la belleza no debería ser una herramienta para corregir lo que somos, sino para expresar quiénes somos. Durante mucho tiempo pensé que la confianza venía de cómo me veía, pero hoy entiendo que viene de cómo me siento conmigo misma. La aceptación no significa dejar de evolucionar, sino hacerlo desde el amor propio y no desde la carencia’.
Es una reflexión especialmente relevante en una industria donde constantemente se habla de cambios físicos, mejoras y perfeccionamiento. Para Isabella, la evolución más importante no ocurre frente al espejo, sino en la relación que construimos con nosotras mismas.

Esa filosofía también conecta naturalmente con Kérastase, una marca que durante años ha hablado de confianza, fortaleza y transformación desde una perspectiva mucho más emocional. Porque detrás del cabello, el maquillaje o el skincare, existe siempre algo más profundo: la manera en que cada mujer se siente al habitar su propia identidad.
El valor de seguir adelante
Como cualquier emprendimiento, Belah Beauty también atravesó momentos de incertidumbre. Instantes donde las respuestas parecían insuficientes y donde el futuro no estaba garantizado.
‘Por supuesto que hubo momentos en los que pensé que las cosas podían no funcionar. Emprender implica convivir constantemente con la incertidumbre. Hay días donde los desafíos parecen mucho más grandes que las respuestas’, reconoce. Sin embargo, cada vez que aparecían las dudas, volvía al mismo lugar: el propósito.
‘Siempre regresé a la razón por la que nació Belah Beauty. Creía profundamente en la idea y en el valor que podía aportar. Esa convicción, junto con el apoyo de Ricky, de mi equipo y de nuestra comunidad, fue lo que me impulsó a seguir adelante incluso cuando las cosas parecían difíciles’. La historia de Isabella demuestra que emprender no significa no tener miedo. Significa avanzar a pesar de él.
El verdadero legado de Isabella Chams
Cuando hablamos sobre el futuro, la conversación inevitablemente se dirige hacia el concepto de legado. Diez años después, ¿qué le gustaría que permaneciera? ¿Los productos? ¿La empresa? ¿Los logros empresariales? Su respuesta fue tan inmediata como reveladora.
‘Sin duda, la forma en la que inspiré a otras mujeres. Los productos evolucionan y las empresas se transforman, pero el impacto que tienes en la vida de las personas permanece. Si dentro de diez años alguien siente que se atrevió a creer en una idea, a tomar un riesgo o a construir algo propio porque vio que yo también lo hice, sentiría que ese es el legado más valioso que puedo dejar’.
Créditos:
Realización: Gerard Angulo
Fotografía: Francés Rou
Redacción: Emilio Gala
MUAH: Daniela Bastidas
Asistente de moda: Lucía Zea
Intern: Tatiana Garrido
Management: Vicky Pavajeau
Coordinador de video: Valdermar Tarin
