Había mucha expectativa por ver cómo Sarah Burton iba a interpretar el hombre Givenchy y la respuesta llegó con una colección que se siente segura desde el primer look.

La diseñadora propone un hombre elegante, relajado y con una identidad mucho más clara, dejando atrás la estética que marcó los últimos años de la maison para recuperar ese savoir faire que siempre ha estado ligado a la casa.
Burton toma como punto de partida los archivos de Hubert de Givenchy, aunque todo se siente pensado para el presente. La sastrería vuelve a tener protagonismo con chaquetas de líneas limpias y pantalones más amplios, mientras que el cuero en colores vibrantes, las bombers bordadas y algunas referencias deportivas hacen que el conjunto se sienta mucho más fresco. Hay una naturalidad que hace que cada prenda encuentre su lugar sin llamar la atención de más.

A medida que avanza la colección aparecen abrigos de satén, capas y bordados florales de gran tamaño que le dan un poco más de fuerza al desfile. Son esos pequeños cambios de ritmo los que mantienen el interés y dejan ver otra faceta de la propuesta, una donde la elegancia también puede ser expresiva.

Después de ver esta primera colección masculina me queda la sensación de que Sarah Burton entendió muy bien qué representa Givenchy. Conserva esos códigos y elementos que siempre han definido a la maison, pero los lleva a un lugar mucho más relajado y fácil de conectar con el hombre de hoy. Es un comienzo sólido y, sobre todo, muy fácil de imaginar fuera de la pasarela.
