El bakuchiol se ha convertido en uno de los ingredientes que más interés despierta dentro de las rutinas de cuidado facial. Su popularidad está relacionada, en buena parte, con la búsqueda de alternativas al retinol, especialmente entre quienes quieren incorporar un activo enfocado en los signos del envejecimiento sin recurrir directamente a los retinoides.
Este ingrediente de origen vegetal aparece cada vez con más frecuencia en sueros, cremas y otros productos para el cuidado de la piel. Aunque suele compararse con el retinol por sus efectos sobre la apariencia de las líneas de expresión, la textura y la pigmentación, no se trata del mismo compuesto. El bakuchiol tiene una estructura diferente y actúa por mecanismos propios, aunque algunas de sus funciones pueden ser similares.
¿Qué es el bakuchiol?
El bakuchiol es un compuesto de origen vegetal que se obtiene principalmente de las semillas y otras partes de la planta Psoralea corylifolia, conocida también como babchi. Se ha utilizado en prácticas tradicionales de la medicina china e india y, en los últimos años, ha encontrado un lugar dentro de la cosmética facial por sus propiedades antioxidantes y por su posible acción sobre diferentes signos asociados con el envejecimiento de la piel.

A diferencia del retinol, el bakuchiol no es un retinoide ni un derivado de la vitamina A. Sin embargo, algunas investigaciones han encontrado que puede producir efectos similares en la piel, entre ellos mejorar la apariencia de las líneas finas, las arrugas, la pigmentación y la textura. Un estudio clínico publicado en 2019 comparó ambos ingredientes durante 12 semanas y encontró mejoras similares en arrugas e hiperpigmentación, mientras que las personas que utilizaron retinol reportaron con mayor frecuencia descamación y sensación de ardor.
¿Para qué sirve el bakuchiol?
El interés por el bakuchiol está relacionado principalmente con su potencial para mejorar algunos signos visibles del fotoenvejecimiento. Los estudios disponibles han observado cambios en aspectos como arrugas, hiperpigmentación, elasticidad y textura, además de propiedades antioxidantes que pueden ayudar a proteger la piel frente al estrés oxidativo. También se ha investigado su posible utilidad en pieles con tendencia al acné y en casos de hiperpigmentación posterior a la inflamación.
Por eso, suele aparecer en productos dirigidos a quienes buscan una rutina enfocada en firmeza, luminosidad y signos de la edad. Una de sus principales características es que suele considerarse más tolerable que el retinol para algunas personas, aunque esto no significa que esté libre de posibles reacciones. La evidencia disponible es prometedora, pero todavía hacen falta estudios clínicos más amplios y rigurosos para establecer con mayor precisión qué tan efectivo es frente a los retinoides y en qué condiciones funciona mejor.

¿Cómo incorporarlo en la rutina?
El bakuchiol puede encontrarse en sueros, cremas y tratamientos faciales, por lo que la forma de incorporarlo depende de la concentración y de las indicaciones del producto. Puede utilizarse como parte de una rutina de mañana o de noche y, al igual que ocurre con cualquier activo, es importante introducirlo de manera gradual para observar cómo responde la piel. Aunque suele ser bien tolerado, también puede provocar irritación o una reacción alérgica en algunas personas.
Que sea de origen vegetal y que se presente como una alternativa al retinol no significa que sea adecuado para todas las pieles. Si existe sensibilidad, una condición dermatológica o una rutina con varios activos, lo recomendable es consultar con un dermatólogo antes de incorporarlo. Además, utilizar bakuchiol no elimina la necesidad del protector solar, especialmente cuando el objetivo de la rutina es prevenir y tratar los signos asociados con el fotoenvejecimiento.
